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#EstampasDeMiCuba - La Habana, 2 de noviembre de 1962. Recibimiento a Anastas Mikoyan, primer vice-ministro del Consejos de Ministros de la URSS. No viene de visita turística ni cultural; llega como emisario directo de Nikita Jrushchov tras el acuerdo con Estados Unidos que puso Misiles en octubre. Su misión es clara: explicarle a Fidel Castro por qué Moscú decidió retirar los misiles nucleares de Cuba sin consultarle y, más importante aún, obligarlo a tragarse esa decisión. Entre el 28 y el 31 de octubre de 1962, se intercambian cartas entre Fidel Castro y Jrushchov, marcadas por tensiones y desacuerdos sobre la retirada de los misiles. A principios de noviembre de 1962, Jrushchov envía a Mikoyan a La Habana para negociar directamente con Castro y garantizar la implementación del acuerdo con Estados Unidos (Taubman, Khrushchev, 2004; Mikoyan, The Soviet Cuban Missile Crisis, 2012). Mikoyan permanecería en la Isla entre el 2 y el 22 de ese mes. El 20 de noviembre de 1962, Estados Unidos levanta el bloqueo naval; dos días después, Mikoyan ya está informando oficialmente al régimen que los misiles nucleares serán retirados, aunque se mantendría presencia militar convencional (Clarke, By Blood and Fire, 1981). Cuba acababa de descubrir que no pintaba nada en el tablero nuclear que se jugaba sobre su propio territorio. Moscú negoció con Washington directamente y después mandó al emisario a convencer a La Habana. Traducción simple: obedecer. Las conversaciones fueron duras. Fidel Castro se negó inicialmente a aceptar inspecciones internacionales y rechazó la retirada de ciertos armamentos, incluidos los bombarderos IL-28. Pero al final, se impuso la realidad; los soviéticos retiraron todo el armamento nuclear y también esos aviones (Cordovaluís, La Crisis de Octubre de 1962, 2012). Ahí está el punto clave que desmonta el mito: Cuba no decidió. Cuba acató. La izquierda internacional convirtió este episodio en narrativa heroica de resistencia antiimperialista. La realidad documentada es otra; la Isla fue moneda de cambio en un acuerdo entre superpotencias. Y cuando hubo que ejecutar ese acuerdo, llegó Mikoyan, no como invitado, sino como garante de que la orden se cumpliera al pie de la letra y sin chistar.
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